Pilar Vizcaíno. Presidenta de ANEP (Asociación Nacional
de Educación Prenatal) España. Delegada en Sudamérica de la OMAEP (Organización Mundial de
Asociaciones de Educación Prenatal)
El avance de la ciencia es imparable y vertiginoso, por lo que no podemos demorarnos mucho en utilizar los nuevos descubrimientos.
Desde hace más de dos décadas, el concepto o visión que teníamos de los niños y las niñas antes de nacer se ha transformado con el descubrimiento de las vivencias de estos durante su etapa prenatal. ¡Quién se iba a imaginar que iban a percibir emociones o pensamientos de sus madres antes de nacer, y que además les iban a influir; que tendrían recuerdos, que aprenderían, que se iban a perturbar o bien a sentir amados!
Actualmente la humanidad tiene numerosos problemas y retos a los que enfrentarse, y debe aportar soluciones eficaces y eficientes. Pero al mismo tiempo que surgen los conflictos también se van descubriendo claves para solucionarlos.
Así, por ejemplo, la violencia, que a todos nos inquieta y preocupa. Existen cada vez más evidencias de que ésta puede ser considerada como la expresión destructiva de las fuerzas vitales, bloqueadas por condiciones familiares o sociales desfavorables, a veces sufridas incluso durante el periodo prenatal.
En este sentido, numerosas investigaciones demuestran que si un niño ha sido violentado en el útero, tiene una predisposición mucho mayor que otros a la violencia, siendo además muy difícil de erradicar. (Estudios de Adrian Raine de la Universidad de Los Ángeles).
Asimismo, se sabe actualmente que cuando una mujer embarazada se halla sometida de manera prolongada a altas dosis de estrés, su hijo o hija corre un gran riesgo de ser violento. En EEUU se han llevado a cabo estudios con jóvenes de 15 a 18 años encarcelados por asesinato, estableciéndose significativas correlaciones con el estado de sus madres durante sus respectivos embarazos. (Robin Kaar, "Ghost from the nursey").
Analicemos de manera más detallada esta cuestión del estrés. En el adulto, las hormonas del estrés desencadenan a nivel del hipotálamo (el "cerebro inferior reptiliano") unas reacciones de huida, necesarias para la supervivencia, que a menudo son reacciones de agresividad. Sin embargo, al intervenir la conciencia, por intermedio del neocortex, dichos impulsos nerviosos pueden ser controlados y anulados.
Durante el embarazo, por el contrario, las hormonas del estrés alcanzan el "cerebro reptiliano" del feto, impidiendo las conexiones de éste con el neocortex, y dificultando el crecimiento del cerebro. Así pues, los niños y niñas gestados bajo condiciones de elevado estrés, al llegar a la adolescencia y verse sometidos también a situaciones de estrés, se encuentran carentes del equipamiento biológico para poner en marcha un control cerebral, de forma que nada se interpone entre sus impulsos y el paso a la acción.
Por lo demás, cada vez se es más consciente de la importancia de la infancia, y en particular de la primera infancia. Se constata que infancias vividas deficitariamente implican invertir considerables esfuerzos para solucionar o paliar sus negativas repercusiones. Por fortuna, se asume de manera progresiva que apostar por mejorar la infancia es edificar sobre suelo próspero, es sembrar para cosechar resultados positivos más adelante.
Pero este avance no ha de quedar ahí. Quizás el paso siguiente es reconocer y tomar conciencia, de que no sólo lo que ocurre durante la infancia es impactante y deja huellas físicas y psíquicas en el niño, sino que aún es más impactante lo que ocurre durante el periodo prenatal, en el que las fuerzas de la vida se están construyendo, y se están poniendo las bases de la futura salud, de la afectividad, de las capacidades de relacionarse y de estar en el mundo, de los valores sociales y morales.
La Genética moderna nos demuestra que ya está obsoleto el determinismo genético. Estudios recientes concernientes a la naturaleza de las mutaciones adaptativas y a la epigénesis (modulación de la expresión genética sin provocar cambios en el código genético del ADN) revelan que a través de la "barrera placentaria", la naturaleza incorpora las experiencias de vida de los padres en la programación genética de su descendencia.
Según el biólogo celular americano Bruce Lipton, "los futuros padres son 'verdaderos ingenieros genéticos', es urgente que estén informados de que sus pensamientos, sus emociones y actitudes influyen directamente en la selección y reescritura del código genético del niño en el útero."
La Física cuántica nos ha cambiado también la visión de cómo analizar un experimento, y qué variables influyen en él, al tomar como variable importante la conciencia del observador, y cómo esa conciencia va a modificar la forma y el comportamiento de las partículas subatómicas. Lo biológico dependería de lo psíquico.
En el "experimento" o proceso de formación del ser humano, la observadora y protagonista es la madre. Ésta, con su conciencia, sus actitudes e ideas, está modificando el comportamiento de las partículas que forman el organismo de su hijo o hija. ¿No es, pues, verdaderamente importante su rol en la transmisión de la vida y sus consecuencias?
De lo anterior podemos deducir la importancia de los padres, y sobre todo de la madre, que no sólo es una observadora, sino que es una participante activa: sus pensamientos, sus estados de ánimo, su conciencia, están influyendo en su bebé.
¿Por qué la humanidad no utiliza estos avances, estos descubrimientos tan importantes?
Y si la madre, o mejor dicho las madres, están sufriendo violencia, incomprensión, falta de apoyo, culpabilidad... fácilmente nos podemos imaginar los pasos siguientes, y las repercusiones en ese futuro ser que formará parte de la humanidad y de una generación a la que influirá.
Si estas informaciones pudieran estar al alcance de todas las madres del mundo, de los padres, de los jóvenes (incluso antes de vivir la experiencia de ser padres), de todos los profesionales que apoyan a las futuras madres, de los educadores, de los psicólogos y de toda la sociedad, ¿no nos solidarizaríamos todos en este gran proyecto, posibilitando mejores condiciones de vida a los futuros padres, a las futuras madres, para que vivan un embarazo más saludable, más positivo y armonioso, sabiendo los resultados tan importantes que obtendríamos para las futuras generaciones, que serían más solidarias, más comprensivas, más pacíficas?
Es importante hacer llegar todas las informaciones y descubrimientos científicos concernientes al periodo prenatal, para que puedan ser utilizados de forma natural, creativa, libre, adaptada a cualquier cultura y tradición, y en la que los futuros padres y los jóvenes experimenten el valor de la vida.
Todos se beneficiarían con ello. No tendríamos nada que perder y mucho que ganar, ya que proporcionar esa información es muy poco costoso, más aún si lo comparamos con las cuantiosas inversiones que hay que llevar a cabo para remediar sólo algunos aspectos de las carencias a las que da lugar no prestar la debida atención al periodo prenatal, remedios que incluso no siempre tienen resultados satisfactorios.
Por ello, es muy importante el factor de PREVENCIÓN.
Numerosas medidas institucionales tratan de limitar los comportamientos violentos, de canalizar las energías susceptibles de explotar en actos violentos, de restablecer el diálogo interrumpido. Pero sus efectos son limitados, pues no alcanzan las causas profundas. Ciertas terapias individuales o familiares proponen tomas de conciencia y reeducaciones muy útiles, pero sólo alcanzan a una población muy restringida.
Sin embargo, la EDUCACIÓN PRENTAL es una prevención real y fundamental, y extensa, se trata de una toma de conciencia colectiva en todos los países.
La EDUCACIÓN PRENATAL es transformadora de los futuros padres, y de los jóvenes, que adquieren una nueva conciencia de sí mismos, de la vida, y de su papel de educadores.
La EDUCACIÓN PRENATAL es formadora de un ser abierto gracias al amor recibido, y fortificado por el respeto, el reconocimiento y la confianza que le habrán impregnado celularmente.
En conclusión, podemos decir que la Educación Prenatal natural, positivizada por los padres, participa en la génesis de la salud física y psíquica del ser que se forma.
Y esta educación es la prevención más fundamental de la violencia y de otras disfunciones.
Y podríamos esperar que seres gestados así, traídos al mundo y educados con amor y respeto, sean capaces de construir un mundo más justo, más humano, más fraternal, en donde cada uno encuentre su lugar y pueda desarrollarse al servicio de todos.