¿INFLUYE EL PERIODO PRENATAL EN NUESTRA VIDA?

Conferencia de Marie-Andrée BERTIN, Presidenta de la OMAEP
(Organización Mundial de Asociaciones de Educación Prenatal)


INTRODUCCIÓN

Actualmente se sabe que cada una de las etapas de la vida influye en las siguientes etapas. Los psicólogos lo han demostrado, y cada uno lo ha podido verificar en su propia existencia o en la de sus más cercanos.

Esta evidencia es el fruto de una larga andadura.

En la primera mitad del siglo XX, el desarrollo de la psicología profunda ha puesto en evidencia el impacto de la vivencia emocional de los primeros años de la infancia, y sus repercusiones sobre el comportamiento del individuo.

Por ejemplo, cuando se produce un bloqueo durante este periodo sensible, el sufrimiento perdura durante toda la vida, a menos que una psicoterapia ayude a superar el conflicto, o que circunstancias muy favorables permitan una vivencia muy positiva de los aspectos esenciales de la vida: un buen matrimonio, éxito profesional. De este modo, se desencadenan fuerzas nuevas que ayudarán al hombre y a la mujer a superar este hándicap del inicio, y a dar libre curso a esta fuerza de vida que había sido obstaculizada o afectada en su origen.

Al contrario, si un niño recibe amor suficiente, si es reconocido como un ser con un valor propio, si su desarrollo se acompaña de una necesaria autonomía progresiva, este niño tiene más posibilidades de convertirse en un adolescente y luego en un adulto equilibrado, sereno, armonioso, con confianza en sí mismo, en los demás y en la vida. Al tener la libertad de vivir, de manifestar lo que es en esencia, será estable, abierto y creativo.

En la década de los 70 se dio un nuevo paso en la comprensión de la vida, cuando los obstetras como Frederic LEBOYER, Michel ODENT, psicoanalistas y psiquiatras de todo el mundo hicieron tomar conciencia de la importancia del momento del nacimiento, y de la acogida que se le da al recién nacido, que dejan huellas profundas en su psiquismo. Se ha afirmado que el 90% de nuestros miedos se instalan en nosotros en el momento de nuestro nacimiento, determinando en gran medida nuestro comportamiento de niños, de adolescentes, y de adultos.

Y vamos a ver que el tema propuesto aquí sugiere que el periodo prenatal podría situarse entre las etapas constructivas de la vida humana, e influir así la vida futura... "de aquél que viene".

El embrión, el feto, ¿serían pues influenciables, educables? ¿Y con consecuencias a largo plazo?

¿De qué educación se trata? ¿Se van a establecer normas e imponer programas al ser en formación? ¡Evidentemente, no! Las normas y los programas corresponden a la instrucción y no a la educación.

El objetivo de la instrucción es la transmisión de conocimientos y de habilidades, para lo cual se utilizan métodos de aprendizaje.

La educación, en cambio, trata de despertar y de desarrollar las facultades latentes en el individuo, ya sean de orden físico, afectivo, intelectual, moral o espiritual.

Se puede definir, pues, la educación como "la aplicación de los medios apropiados que permiten al ser humano formarse y desarrollarse". En efecto, es el mismo ser el que se educa, es decir, el que se forma, el que se desarrolla a través del movimiento de las fuerzas de la vida que están en él. Lo lleva a cabo con los elementos físicos, afectivos y mentales que le proporciona su entorno, lo que tiene a su alrededor, su ambiente.

En un niño que ya ha nacido la educación se efectúa a través de tres procesos fundamentales: la impregnación, la imitación y la experimentación. En el niño que se está formando en el vientre de su madre, la experimentación es nula, aparentemente, la imitación probablemente también... aunque..., pero la impregnación es máxima, es la primera programación de nuestras células. Las experiencias de la vida se imprimirán, es cierto, en su momento, pero en forma de sobreimpresión. Por ello son muy importantes estas primeras impregnaciones, estos primeros fundamentos.

La Educación Prenatal no es pues ni una invención, ni una ideología. Es un conjunto de procesos naturales que entran en juego tanto si se conocen como si no, tanto si se quiere como si no.

Nosotros proponemos simplemente conocer estos procesos, ser conscientes de ellos, a fin de que los futuros padres, informados, tengan la libertad, la posibilidad de dar al embrión, y después al feto, los mejores elementos, las mejores condiciones que le permitan desarrollar mejor todas las potencialidades, todas las facultades incluidas en el capital genético, en el seno del proceso natural y según su propia dinámica.

Se nos ha formulado una pregunta: ¿a quién se dirige esta educación? ¿A la madre o al hijo? La respuesta es: a los dos. Porque la simbiosis entre la madre y el hijo es tal que todo lo que vive la madre, el niño lo vive con ella. La madre, primer universo del niño, toda ella, físicamente y psíquicamente, es la "materia prima viva" para él. También es para él la mediadora del mundo. El ser humano en formación en el útero no puede aprehender directamente el mundo exterior, pero recibe en cada momento las sensaciones, los sentimientos, los pensamientos de su madre actuando en el mundo. Graba en su psiquismo naciente, en su tejido celular, en su memoria orgánica, estas primeras experiencias compartidas que colorearán su personalidad.

El niño que nace ya tiene un pasado de nueve meses, que en gran parte, ha determinado su futura persona.

Estos conocimientos recientemente reencontrados por la ciencia, son de hecho milenarios, están siempre presentes y dispuestos a resurgir en la intuición de las mujeres, y de cada vez más padres. La importancia de este periodo era muy conocida en las antiguas civilizaciones: los Egipcios, los Indios de Asia y de América, los Celtas, los Africanos... y otros, habían dado reglas de vida para la madre, la pareja, la sociedad, que permitían que el niño se formara con las mejores condiciones.

En cuanto a los Chinos, hace ya más de mil años, construyeron clínicas prenatales en donde las futuras madres vivían su embarazo con serenidad y rodeadas de belleza.

En nuestros países occidentales, a principios del siglo XX, aún se protegía a las mujeres embarazadas, y éstas a su vez protegían a sus bebés. En el pueblo donde pasé mi infancia, cuando el circo venía a instalarse, a las futuras madres no se les dejaba ver el espectáculo. Todavía se sabía por tradición que si ocurría un accidente y éste trastornaba a alguna madre, a su hijo también le perturbaría.

Más tarde, nuestras sociedades industriales han centrado sus preocupaciones en una carrera de hazañas tecnológicas, económicas y financieras... y se han olvidado de las cuestiones de la vida.

Pero la vida retoma sus derechos. No sin humor, pues la tecnología, al tratar de afinarse, ha permitido volver a encontrar pruebas científicas que apoyan los fundamentos de estos conocimientos auténticos (no nos referimos a las supersticiones que se han podido injertar en ellos en el transcurso del tiempo).

En efecto, actualmente investigaciones científicas llevadas a cabo en distintas áreas, aclaran de forma convergente esta educación prenatal que se opera de forma natural.

Las Asociaciones de Educación Prenatal quieren ser un puente entre la investigación y la vida cotidiana de los futuros padres. Recogen los trabajos pluridisciplinarios actuales para presentarlos como un conjunto coherente al público, a los jóvenes y a los profesionales a los que a veces no les ha llegado la información. Estos conocimientos vistos de forma global toman un sentido y sugieren maneras de vivir favorables para el ser que se forma... y para los padres.

Dos ejes principales de investigaciones se ponen en evidencia:

Finalmente, veremos que a partir de estas investigaciones, ciertos miembros del área médica afinan su práctica, y por su parte, los futuros padres tienen la posibilidad de dar "algo más" a sus hijos, de forma sencilla y alegre, en sus vidas cotidianas.
 
 

EL DESARROLLO SENSORIAL DEL FETO

LOS CONOCIMIENTOS

Recordemos que los órganos de los sentidos y los centros cerebrales correspondientes ya están formados al final del periodo embrionario, hacia los tres meses de vida intrauterina. Durante los seis meses siguientes de la gestación, los órganos se desarrollan y afinan su especialización, y lo hacen de forma diferente, según la naturaleza de su función y según la calidad y la intensidad de los estímulos recibidos.

Así, la vista necesita un medio luminoso para ejercitarse. Y cuando la madre expone su abdomen al sol, el bebé percibe una luz anaranjada.

Sin embargo, desde su nacimiento, el niño busca la mirada de su madre de forma activa. El encuentro de las dos miradas es un momento privilegiado que abre, con una emoción fuerte y profunda, una nueva fase del vínculo madre/hijo.

El olfato se desarrolla, juntamente con el gusto, según Benoît SCHAAL, gracias a un órgano olfativo secundario específico de la gestación, y adaptado a la detección de moléculas olorosas en medio acuoso. Marie THIRION, pediatra, constata: "En las primeras horas de vida, el recién nacido, enfrentado a la necesidad urgente de alimentarse, va a buscar a su madre, el olor de su madre, y más exactamente el olor de la leche cerca de los pezones. Resulta siempre un espectáculo fascinante ver a un bebé "olfatear" a su madre, husmear cerca de sus senos... y reconocer el lugar de su felicidad y de su subsistencia".
 
 
El gusto entra en juego cotidianamente y manifiesta sus preferencias. El feto absorbe cada día cierta cantidad de líquido amniótico. Si en ese líquido se inyecta una sustancia dulce, él traga doble ración con glotonería. En cambio, si se añade una sustancia amarga, el bebé sólo toma un poco, y la ecografía ha permitido ver que hace unas muecas de desagrado.

A través de ese líquido intra-uterino, amniótico, que adquiere diferentes perfumes según los alimentos que toma la madre, el niño es sensibilizado al gusto de la comida de la región donde va a nacer. Tenemos un ejemplo en una bebé hindú adoptada por una pareja parisina a la edad de tres meses: cuando empezó a tomar alimentos sólidos, rechazaba obstinadamente cualquier arroz preparado con diferentes estilos occidentales, y en cambio aceptaba de muy buen gusto un arroz al curry, tal como su madre lo consumía en la India cuando la esperaba.

"La sensorialidad gustativa y sobre todo olfativa, afirma el profesor Jean Pierre RELIER, constituye uno de los aspectos fundamentales de la relación madre-hijo durante el embarazo, y permite al recién nacido reconstituir mucho más fácilmente su entorno sensorial y afectivo, ya que reconoce el olor de la piel de su madre y el sabor de su leche. De ahí el interés del contacto "piel con piel" desde los primeros minutos de la vida extrauterina.

Pero los dos sentidos más estudiados son el del tacto y el del oído.

El tacto concierne al conjunto de nuestra piel, y la del bebé es constantemente masajeada por el músculo uterino y la pared abdominal. Un médico holandés, Frans VELDMAN, ha creado la haptonomía, método de comunicación afectiva a través del tacto, que permite a la madre, y sobre todo al padre, establecer una relación profunda con el hijo a través de la pared abdominal. Es muy beneficioso para el momento del nacimiento y de la acogida del niño, así como para la confirmación de los vínculos padres-hijo.

En cuanto al oído, el sentido de la sabiduría según los Antiguos, nos reserva muchas sorpresas. La noche uterina está lejos de ser un lugar silencioso. Pequeños micrófonos introducidos en el útero materno han captado ruidos de los tubos digestivos sobre un fondo ininterrumpido de actividad respiratoria y de latidos del corazón. La voz de la madre emerge, cantando su melodía intermitente.

Los ruidos y los sonidos exteriores atraviesan muy poco la pared abdominal: se transmiten sobre todo al feto a través del sistema auditivo de la madre, sus resonadores y su sistema óseo: cráneo, columna vertebral y pelvis. Así es como oirá la voz del padre, sobre todo si la madre la escucha con ternura, y las músicas a las que ella preste atención.

Pero el bebé, ¿qué percibe de todo esto?

El oído interno, que selecciona los sonidos y los transmite al cerebro, madura hacia el quinto mes de gestación. Jean FEIJOO ha obtenido, desde ese estadio, respuestas motoras y cardíacas significativas por parte del bebé, como respuesta a los estímulos del fagot en la obra de Pedro y el Lobo (Prokofiev), dirigido a la pared abdominal materna. Por su parte, la madre estaba relajada escuchando con unos auriculares música suave. Ella no escuchaba el fagot. Las reacciones del feto eran, pues, las suyas propias.

Pero el Dr. TOMATIS ha mostrado que el bebé percibe los sonidos antes de que el oído funcione. Cita el caso de una niña, Odile, que empezaba a salir del autismo que padecía y que se abría más aún cada vez que se le hablaba en inglés. Nada parecía justificar este hecho. El misterio se aclaró cuando la madre se acordó que al principio del embarazo, es decir antes de que el oído de Odile estuviera maduro, trabajaba en una empresa de importación-exportación en la que sólo se hablaba inglés. Es cierto que Odile no "comprendía" las palabras de la lengua inglesa, pero había percibido y grabado el ritmo, la melodía, la frecuencia hertziana de esta lengua que vibra a 12.000 Hz, mientras que el francés ronda los 8.000 Hz, y había guardado esta impronta ligada a un periodo de seguridad anterior al origen de su bloqueo.

En efecto, el ser en formación, desde el periodo embrionario recibe las vibraciones sonoras a través de las células receptoras de su piel, de sus músculos y de sus articulaciones. Por otro lado, cuando su oído empieza a funcionar, filtra los sonidos graves y sólo percibe los agudos. Este sistema de protección contra los ruidos internos del organismo de la madre, que no paran ni de día ni de noche, es indispensable. Sin él, el feto no encontraría nunca reposo.
 


Marie-Louise AUCHER, profesora de educación de la voz, ha hecho observaciones interesantes en las familias de sus alumnos, cantantes profesionales que ensayan cotidianamente en sus casas. Las madres soprano traían al mundo hijos cuya parte superior del cuerpo estaba finamente desarrollada y de manera excepcional. El gesto de pinza en el que se opone el pulgar a los otros dedos de la mano, daba muestra muy precozmente de una excelente coordinación senso-motriz. En cambio, los niños cuyos padres eran bajos profundos, nacían con la parte inferior de su cuerpo particularmente bien desarrollada. Estos niños eran caminantes precoces, pero mucho más interesante que una precocidad efímera que con el tiempo se atenúa, es que después continuaban siendo caminantes infatigables.

Para comprender estos fenómenos, Marie-Louise AUCHER trabajó en varias Universidades y Hospitales de París con profesores de diversas disciplinas. Juntos, tuvieron la sorpresa de ver cómo los impactos de los sonidos de la escala musical dibujan sobre el cuerpo humano el "vaso gobernador", meridiano energético bien conocido por los acupuntores.

Se sabe por otros trabajos, que cada sonido está en resonancia vibratoria con una vértebra, una pareja de ganglios del simpático y el sistema parasimpático. Cuando se estimula uno de estos puntos de energía, uno de estos centros nerviosos, éste a su vez estimula la región que inerva, y el conjunto del sistema nervioso, cerebro incluido, se dinamiza. Para el Dr. TOMATIS, el oído es una dinamo para el cerebro.
 

LAS DEDUCCIONES DE LOS FACULTATIVOS

De los trabajos de Marie-Louise AUCHER nacieron "las maternidades cantoras". En Pithiviers desde los años 70, gracias al Dr. Michel ODENT, después en París, en Rouen... y en otras ciudades. Los padres, las madres y los hermanos cantan en coral, pero también los médicos, las comadronas, las puericultoras, a fin de crear entre el personal sanitario y los futuros padres, y la futura madre sobre todo, un ambiente amistoso, casi familiar, que facilitará enormemente el parto.

"Este canto en común, dice Marie-Louise AUCHER, mejora el estado general y nervioso de las madres, que traen al mundo niños resistentes -y bien equilibrados en la parte superior e inferior del cuerpo-, niños tranquilos, serenos, alegres, y que se adaptan fácilmente a las diferentes situaciones en las que se encuentran", lo que es signo de un buen equilibrio psíquico. Una cualidad muy útil en este mundo que les acoge.

A la luz de estos conocimientos sobre la audición fetal, y sobre las repercusiones emocionales que le están indisolublemente unidas, algunos ginecólogos y pediatras la han tenido en cuenta y han enriquecido su práctica.

Desde hace ya tiempo, el Dr. TOMATIS reequilibra a niños perturbados, y también a adultos con problemas, haciéndoles escuchar la voz de sus madres filtrada a través de un medio acuoso, es decir, tal como la percibían en el útero a través del líquido amniótico. Esta regresión a su estado prenatal permite a sus pacientes, grandes o pequeños, establecer un nuevo contacto con sus energías primordiales y retomar una evolución normal.

Más recientemente, el Dr. COURONNE, jefe del servicio de neonatología del Hospital de Metz (Francia), que está a cargo de los bebés prematuros, ha creado lo que él denomina "el cordón umbilical sonoro" que conecta de nuevo al bebé con sus padres.

¿Qué es un bebé prematuro? Es un feto que nace cuando aún no ha madurado completamente. Funciona en un medio diferente al que debería estar para continuar normalmente su desarrollo, pero con el "equipamiento" físico de su edad prenatal. Necesita de la presencia de su madre mucho más que un recién nacido. Pero cuando, por diversas razones, esta presencia es insuficiente, o imposible, el Dr. COURONNE pide a los padres que graben una cassette conteniendo un 50% con la voz de la madre, un 30% con la voz del padre (los padres hablan libremente, con el corazón, a su bebé) y el 20% restante con música suave. Un pequeño magnetofón situado en la incubadora hace que el bebé escuche esta grabación durante media hora al día, en un momento en que no necesite ningún cuidado. Se ha visto entonces cómo su carita esboza una sonrisa, sus miembros se distienden y llega a dormirse de forma apacible; el niño reencuentra señales portadoras de amor y seguridad.

Las primeras experiencias con grupos de control, han mostrado que estos prematuros se recuperan mucho más rápidamente que los otros cuando están enfermos, y que todos se desarrollan mucho mejor que los que no se benefician de este "cordón umbilical sonoro".

Por otro lado, los padres, que a menudo se sienten culpables de no haber podido llevar a término el embarazo, se sienten de nuevo con sus bebés. Pierden también la impresión frecuente de que el equipo médico les ha "secuestrado" a su hijo, y éste a su vez les considera en su verdadero rol de padres. Sus relaciones son mucho mejores. Todo ello va a facilitar los encuentros padres-hijo, y se verá cuán importante es para el equilibrio futuro de éste último.

El precio: una cassette. Esta práctica se extiende poco a poco a otras maternidades en Francia y más allá, como he podido verificar en Oslo.

El Dr. KLOPFENSTEIN, ginecólogo responsable de la maternidad de Calais (Francia), ha hecho un interesante estudio a partir del método TOMATIS, método por el cual se interesó, intrigado por los resultados de los pacientes que lo habían seguido en otros sitios.

Colocó en el oído electrónico (un aparato de audición que, progresivamente, va suprimiendo los graves) a jóvenes embarazadas voluntarias durante media hora a la semana antes de la clásica sesión de preparación al parto. Las estadísticas realizadas durante cuatro años le revelaron una clara disminución de la angustia, una reducción del trabajo medio de parto de 4 h a 2 h 40 min, un descenso de cesáreas al 33% de la media nacional, una disminución notable del número de intervenciones técnicas.

Aparte de los tests y de los datos estadísticos (pues no existe ningún estudio tabulado para demostrar la felicidad y la libertad - y sin duda está bien así), el equipo médico constató una excelente relación entre la madre y el niño y, añade el Dr. KLOPFENSTEIN,  "esperamos serenamente la evolución de los niños, sabiendo que ciertos problemas unidos a la angustia de su madre se disiparán. Sus potencialidades se están estudiando, pero son prometedoras".

¿Podemos esperar poner a todas las mujeres embarazadas en el oído electrónico, a fin de elevar su tasa vibratoria y dinamizar su alegría de vivir? ¡Difícil! Sin duda, es posible obtener resultados parecidos con prácticas sencillas integradas en la vida cotidiana. Recordemos las maternidades cantoras que hemos citado anteriormente. Es algo que se puede realizar en todos los lugares de nacimientos.
 

LAS DEDUCCIONES DE LOS FUTUROS PADRES

"Si la mujer encinta añade el canto a la voz hablada, va a provocar resonancias mucho más intensas, un impacto físico y neurológico poderoso. Para el niño es mucho más equilibrante y completo. Y para la madre también es mucho más tonificante" (Marie-Louise AUCHER).

¡Y qué decir si el padre canta con ella y si toda la familia aporta su riqueza vocal!

Por otro lado, la audición frecuente por parte de la madre  -y el niño- de una música suave, estructurada y estructurante, beneficia tanto al uno como al otro.

Una médico inglesa, Michèle CLEMENTS, ha estudiado las reacciones de los bebés a diferentes músicas. Así, ha constatado que Brahms y Beethoven les agitan, mientras que Mozart y Vivaldi les apaciguan. A los bebés les gusta mucho Mozart, sobre todo sus obras de juventud. En cuanto al rock, les pone fuera de sí. Se ha visto a futuras mamás obligadas a abandonar una sala de conciertos de rock, tales eran las "pataditas" que recibían de sus bebés desde su seno materno. Los trabajos de Marie-Louise AUCHER nos ayudan a comprender por qué. Los bajos, muy fuertes en este género de música, golpean la base de la columna vertebral de la madre, y se transmiten directa y demasiado fuertemente al niño, que reacciona y se defiende.

La madre, pues, necesita elegir una música que le guste, claro, pero permaneciendo a la escucha de las reacciones de su bebé.

Una audición repetida puede incluso conducir a un verdadero aprendizaje. Un director de orquesta americano, Boris BROT, fue un día entrevistado en la televisión. Le preguntaron de dónde le venía su afición por la música. Respondió que le venía desde antes de nacer. Cuando estudiaba ciertas obras por primera vez, conocía la partitura de violonchelo antes incluso de haber pasado la página. No comprendía del todo este fenómeno. Habló de ello con su madre, que "por casualidad", era violonchelista. Recordando y buscando en sus partituras, descubrió que los fragmentos en los que su hijo se sabía de memoria la partitura de violonchelo, eran los que ella había estudiado, repetido, ensayado cuando le esperaba.

Esto demuestra que hubo una grabación precisa y una memorización duradera. RUBINSTEIN, Yehudi MENUHIN, Olivier MESSIAEN han hecho confidencias análogas. ¿Y si pudiésemos interrogar a MOZART?

Nadie se arriesgaría a garantizar a una futura madre que escuchando mucha música o cantando mucho durante su embarazo, traerá al mundo un compositor, un virtuoso, una cantante, pero de lo que sí puede estar segura es de haber sensibilizado a su hijo al arte sonoro. Más allá de eventuales competencias en este dominio, ella le habrá dado la afición, y esta riqueza le acompañará a lo largo de su vida.

En el cerebro, ¿cómo actúan estos estímulos?

El mamífero recién nacido se endereza muy rápido sobre sus patas y, después de algunos pasos vacilantes, se pone a dar brincos. Los animales están genéticamente programados para esta actuación indispensable en la supervivencia de la especie. Su red motora-cerebral ya está a punto para actuar desde el nacimiento.

Pero el hombre tiene otro destino. El feto humano está dotado de un equipamiento diferente, constituido de sistemas sensoriales muy competentes y de zonas cerebrales no programadas genéticamente, que ocupan al menos un tercio del cerebro. Y sus neuronas se informan al mismo tiempo que se forman.

"Lo que está programado en el hombre, es su no-programación... Este 'vacío genético' se encontraría en el origen de las posibilidades del hombre... Estas áreas (libres) se van haciendo progresivamente 'asociativas' integrando las múltiples experiencias que graban, y que constituyen como una red de conexión, un conjunto cableado, en donde se inscribirán poco a poco las aptitudes del niño" (Dr. DELASSUS)

Pero el ser en formación no graba sólo adquisiciones sensoriales, él registra también en su memoria celular las huellas afectivas que recibe  de su madre, sobre todo, pero también de su padre, incluso de su entorno.
 
 

LAS HUELLAS AFECTIVAS

LOS CONOCIMIENTOS

Un factor absolutamente primordial ha sido puesto en evidencia por psicólogos y psiquiatras: la calidad del vínculo afectivo que une a la madre y a su hijo.

El Dr. VERNY, psiquiatra de Toronto (Canadá), nos dice: "el amor de una madre hacia su hijo/a, las ideas que se forma de él, la riqueza de comunicación que establece con él, tienen una influencia determinante sobre su desarrollo físico, sobre las líneas de fuerza de su personalidad y sobre sus predisposiciones de carácter".

Una encuesta realizada a 500 mujeres mostró que cerca de la tercera parte de ellas no pensaban casi nunca en el bebé que esperaban. Los niños que trajeron al mundo tenían un peso inferior al normal, y presentaban trastornos digestivos y nerviosos más frecuentes y más serios que los otros niños. Lloraban mucho y, en los primeros años de su vida - faltan datos que recojan sus reacciones de adolescentes y de adultos - han presentado dificultades de adaptación a los demás y a la vida. Sus madres ignoraban que el niño alimenta su psiquismo naciente con sus sentimientos y sus pensamientos (los de la madre) y que esta necesidad de amor es completamente primordial antes incluso de su nacimiento. Ya en su seno, el niño había sufrido de abandono afectivo.

La Dra. Sylvie RICHARD, pediatra del Hospital de Tours, presentó una tesis que estudiaba "la influencia de las vivencias emocionales de la mujer encinta sobre el temperamento y la salud del lactante".

Hizo un seguimiento a 100 madres y a sus niños durante el embarazo, en el transcurso del alumbramiento, y ocho meses más tarde. Los repartió en tres grupos según la intensidad normal, media o muy fuerte de estrés más o menos permanente vivido por la futura madre. Las estadísticas le han revelado una correspondencia evidente entre las perturbaciones emocionales de la futura madre, los problemas de salud y los trastornos psicológicos del niño.

Este estudio se une al del Dr. ODENT, según el cual la salud primaria, la salud de base física y psíquica de un ser humano, se establece durante el periodo de estrecha dependencia con la madre, es decir, durante los nueve meses del embarazo, las horas cruciales del nacimiento y el periodo de lactancia.

Y esto no discurre siempre sin dificultades.

Así en 1964, en Holanda, se presentaron a un consejo de revisión un número totalmente inhabitual de jóvenes obesos. Eran oriundos de una región que había padecido hambre durante la guerra con Alemania en 1944. Los más problemáticos eran aquellos cuyas madres habían padecido hambre durante los cuatro o cinco primeros meses de su gestación, en el momento en que se estaba formando el hipotálamo, que entre otras funciones, regula el hambre. La ansiedad de sus madres había repercutido biológicamente en el hipotálamo del feto.

Otro estudio, llevado a cabo en Finlandia con niños que habían perdido a su padre antes o después de su nacimiento, muestra una clara diferencia entre los dos casos. Los niños que habían participado in-útero del estrés de su madre estaban más perturbados que los que ya habían nacido cuando se produjo el fallecimiento. La proporción de trastornos psicóticos era más elevada entre los hijos póstumos: 16% de esquizofrénicos frente a un 6%. En este caso, los investigadores sostienen también la hipótesis de un perjuicio anatómico padecido por el hipotálamo.

Se trata, claro, de situaciones extremas: el hambre o la muerte del cónyuge no son afortunadamente acontecimientos frecuentes.

La mayoría de las veces los trastornos son de orden funcional o psicológico, por tanto susceptibles de mejora.

El Profesor P. FEDOR-FREYBERGH, de la Universidad de Estocolmo, nos cuenta el caso de una recién nacida, Kristina, que desde su nacimiento, rechazaba obstinadamente el pecho de su madre, mientras que se lanzaba sobre el biberón cuando se le presentaba, y se aferraba al pecho de otra mujer mamando vigorosamente. Una intuición del Profesor le hizo preguntar a la madre: "Señora, ¿verdaderamente deseaba Vd. tener este hijo?" "No, admitió ella. Yo quería abortar. Pero mi marido deseaba tenerlo y entonces decidí tenerlo".

Sin duda alguna, Kristina había percibido el rechazo de su madre y se lo devolvía como un espejo. La madre lo entendió, su niña le había tocado el corazón, cambió de actitud y las cosas se arreglaron.

Todos los niños no manifiestan una reacción tan inmediata. Por ejemplo, un médico alemán, Paul BICK, recibe un día a un hombre que sufría bruscos acaloramientos acompañados por una angustia de muerte. El psiquiatra lo trata con técnicas habituales sin ningún resultado. Pone entonces al paciente bajo hipnosis y le invita a hacer una regresión. Le lleva a su infancia, a su nacimiento, nada hay de anormal. Le lleva más lejos, al noveno mes de gestación, al octavo mes, todo está en calma, está bien, pero en el séptimo mes, se le estrangula la voz, se enloquece, tiene mucho calor, le quieren matar. Y encuentra el origen de su trastorno. El psiquiatra le devuelve a su conciencia normal. Una conversación con la madre saca a su hijo de esa penosa situación, al confesarle que al séptimo mes de su embarazo se encontraba en un estado tal de angustia que había intentado abortar tomando baños muy calientes.

Treinta años después, ella había superado desde hacía tiempo sus dificultades, pero el niño había grabado en su memoria subconsciente, no sólo la sensación agobiante de calor, sino también la intención de muerte presente en la consciencia materna, y ese recuerdo escondido le atormentaba aún de adulto.

Para intentar comprender el proceso que desemboca en estos fenómenos, vamos a dar un rodeo y ver los estudios realizados por el Dr. LEVINE, cirujano-dentista de Manchester. Este dentista ha coleccionado durante varios años dientes de leche en los que  ha observado cortes a través del microscopio electrónico.

Los dientes son como una especie de archivos de piedra de nuestro organismo (las coronas de los dientes de leche se forman durante la segunda mitad del embarazo y el primer año de vida). Los estratos de esmalte pueden ser datados, exactamente como un geólogo data las diferentes capas de un terreno. Este dentista observó en primer lugar una línea grisácea a la que denominó "línea neonatal", ya que corresponde al "trauma del nacimiento", y que está ausente cuando el nacimiento ha transcurrido de manera óptima.

Los estratos de esmalte situados por debajo de esta línea, se han depositado en los brotes dentales durante su desarrollo en la mandíbula del feto. En estas capas ha constatado frecuentes anomalías, pudiendo llegar hasta imperceptibles vacíos. ¿Qué ha ocurrido para que se haya bloqueado así durante un tiempo más o menos largo, el proceso de edificación de los dientes de leche... y probablemente de los órganos blandos y nobles como son el corazón, el hígado, el cerebro, que no han conservado de ello huellas anatómicas detectables?

El Dr. LEVINE se asocia con un psicólogo que conversa con las madres. Aparecen entonces correspondencias exactas entre estas anomalías y situaciones de estrés muy violentas que las madres habían tenido durante su embarazo. ¿Cómo se pueden producir estos fenómenos?

Cuando padecemos estrés, nuestro organismo, nuestras glándulas suprarrenales en particular, fabrican la adrenalina, las catecolaminas, las hormonas llamadas "del estrés", que nos permiten hacer frente a esa situación. En la mujer embarazada, estas hormonas atraviesan la barrera placentaria, inundan el feto, creando en él un estado fisiológico correspondiente a esta emoción materna, pero mucho más fuerte, y mucho más impactante todavía, puesto que el adulto ha desarrollado a lo largo de su vida estrategias de defensa, de las cuales el niño está totalmente desprovisto.

Sobre todo no os inquietéis, mamás encintas que leéis estas líneas: se trataba de shocks muy violentos. No os inquietéis por una contrariedad pasajera. Al bebé sólo le marcan los shocks muy graves o perturbaciones profundas y duraderas -por ejemplo, una relación muy mala con la pareja- que con el tiempo se repiten y se instalan, comprometiendo la seguridad y el futuro de la madre y del niño. Sabed también que la futura madre posee lo que el Dr. VERNY llama un escudo protector para su hijo: que es el de su amor. Y puede hacer frente a condiciones muy adversas.

Felizmente, lo contrario es igualmente cierto, y es ahí cuando la madre puede actuar positivamente. Cuando estamos en un estado de alegría, de felicidad, de bienestar, nuestro cerebro segrega las endorfinas, las "hormonas de la felicidad" que, en una mujer encinta, van a comunicar al hijo la tranquilidad y la alegría de vivir maternas. Si se viven frecuentemente estos estados en el útero se memorizan, y hay muchas posibilidades de colorear el carácter del hombre o de la mujer que va a venir, que tendrán el gusto por la felicidad, una aptitud innata para la felicidad, y crearán de forma natural en su vida las condiciones capaces de realizarla.

Si el bebé en el útero está ávido de ternura, también sabe darla. Tenemos el testimonio de una observación fascinante empezada mediante ecografía por la Dra. Alessandra PIONTELLI, de Milán. Cuenta:

"La Señora D. esperaba gemelos. En la primera ecografía, el niño (Luke) parecía mucho más activo que la niña (Alicia). Luke continuamente se movía, daba patadas, estiraba las piernas y empujaba la pared uterina. Su madre tenía la impresión de que estaba impaciente por salir. A mí también me dio la misma impresión. De vez en cuando, interrumpía su gimnasia para volver su atención hacia su hermana. Tendía sus manos hacia ella y le tocaba la carita suavemente a través de la membrana que los separaba. Ella le respondía girando su cara hacia él y durante unos momentos, se acariciaban, mejilla contra mejilla. Les habíamos puesto el sobrenombre de los "tiernos gemelos".

Nos dimos cuenta de que Alicia tomaba menos frecuentemente la iniciativa de estos contactos que Luke. La mayor parte del tiempo, parecía adormecida o bien movía la cabeza y las manos imperceptiblemente, pero siempre respondía a los requerimientos de su hermano.

Cuando nacieron fui a visitarles al hospital. La madre me contó que Luke había nacido el primero, y que la diferencia de peso entre los dos era bastante apreciable. El niño es muy vivo y muy despierto; la niña, más endeble y más tranquila. Sus caracteres son los mismos que los que percibí observando su comportamiento en el útero.

Cuando tenían un año, andaban, empezaban a hablar y se divertían mucho juntos. Su juego favorito consistía en esconderse detrás de una cortina, y parecía que la utilizaban como la membrana que los separaba en el útero: Luke estiraba la mano por la cortina, Alicia hundía la cabeza en ella y empezaban a acariciarse."

El estudio de la Dra. PIONTELLI es muy significativo. Muestra que desde el inicio de la vida, y probablemente desde la concepción, los bebés tienen rasgos de personalidad específicos. Estos primeros esquemas de comportamiento parecen persistir durante el primer año de vida, atestiguando el desarrollo constante de la misma personalidad. Y cualquiera que ésta sea, la necesidad y la capacidad de comunicar son evidentes desde que están en el útero.
 

LAS DEDUCCIONES DE LOS FACULTATIVOS
 

 ¿Qué conclusiones prácticas puede extraer el estamento médico de estos conocimientos para mejorar su práctica?

La Dra. RICHARD, en la tesis anteriormente mencionada, propone a los ginecólogos y a las comadronas ir más allá del estricto control del desarrollo somático de la gestación, y tener igualmente en cuenta las dificultades a nivel psicológico de las mujeres. Sugiere a los pediatras que señalen las eventuales causas prenatales de las dificultades de los bebés y de los niños. "Reconocerlas, permite a las madres exteriorizarlas, luego tranquilizarlas, desculpabilizarlas, y a menudo contribuye a la desaparición de los síntomas en el niño, a veces de forma definitiva".

Y A LOS FUTUROS PADRES, ¿QUÉ SE LES PUEDE SUGERIR?

Que expresen su amor, que liberen su creatividad para establecer con su bebé un vínculo personal según su propia naturaleza y su propia cultura. Con toda libertad. Y manteniendo toda su espontaneidad.

Informar a los jóvenes

Ahora bien, mantener la espontaneidad implica que estos conocimientos hayan sido integrados en la consciencia como elementos naturales de la vida. Y esto requiere que sean dados a los jóvenes, que los conozcan mucho antes de concebir un hijo. Deberían acompañar a las informaciones anatómicas, fisiológicas y profilácticas que constituyen actualmente el capítulo sobre "transmisión de la vida" incluido en los programas escolares. Estas informaciones se incorporarían a la intuición profunda de los jóvenes, alimentarían su afectividad, les confortarían en su valor personal frente a la vida, en sus propias capacidades de convertirse en padres. También les abrirían la esperanza de una colaboración consciente y responsable en la obra creadora de la vida.

Lo afirmo por haberlo constatado en mis frecuentes contactos con los jóvenes. Me acuerdo de una joven que exclamó, entusiasmada: "¡Entonces, el primer 'deber' de una mujer embarazada es estar contenta!" ¡Pues sí! Pero eso no es siempre tan sencillo. Una futura madre, según las condiciones actuales de su vida, según su propia historia -es decir, su propia gestación, su nacimiento, su infancia, incluso su adolescencia- puede experimentar a veces sentimientos de miedo, de duda, de ambivalencia. Que los considere como normales, que los acepte y se esfuerce en volver a encontrar un estado interior positivo, ayudándose de todo lo que la hace feliz: la naturaleza en donde todo canta, todo vibra; las obras de arte que la inspiran: el niño tendrá el gusto por la belleza. Que ella misma realice actividades artísticas.
 

El papel del padre

En este terreno, el papel del padre es muy importante: ¿quién mejor que él puede hacer a su hijo feliz a través de una madre feliz y segura? Un proverbio chino dice que si la madre lleva al niño, corresponde al padre llevar a la madre y al niño. Un adagio occidental sugiere al padre que si no lleva al niño en su cuerpo, puede llevarlo en su corazón y en sus pensamientos. Entonces, en algún lugar de su naciente psiquismo, el niño se sentirá amado, esperado, reconocido, y se abrirá, confiado, a las fuerzas de la vida.

Las dificultades de la vida

Pero, me diréis, la vida puede dificultar este ambiente ideal a través de un estrés violento de la madre (un accidente de coche), una dificultad grave (el padre se queda en paro), la pérdida de alguien. La futura madre puede perder a su propia madre, a otro hijo, a su compañero. Entonces, ¿el sufrimiento, el dolor de la madre va a repercutir en el feto? Sí. No se puede evitar. Pero la madre puede entonces hablar con su bebé, como recomienda Françoise DOLTO. Que le tranquilice. Que le diga, por ejemplo: "es verdad bebé, hoy sufro. Pero eso va a pasar. Algún día, seremos felices juntos y verás, para ti la vida será bella". Y el niño grabará a la vez que la vida, a veces, tiene golpes duros, pero que se pueden superar. El esfuerzo valeroso de su madre despertará en él las primicias de un carácter fuerte.
 
 

LAS IMÁGENES MENTALES

Pero más allá de este plano emocional, afectivo, ¿los pensamientos, las imágenes mentales de la futura madre le llegan al feto? Hay numerosos hechos que nos lo hacen pensar. Acordémonos de ese hombre que había percibido la intención de muerte presente en la conciencia de su madre cuando ella había intentado abortar bañándose en agua muy caliente.

Unos hechos

Los Doctores PICARD y ANTONINI, en su libro "Cómo curar el reuma", tratan en un capítulo de la influencia del mental sobre la salud, citando un caso extraordinariamente sorprendente, ejemplar donde los haya. Citémosle:

"El hombre, ese animal consciente, tiene toda su vida y toda su sustancia impregnadas de alma y de pensamiento.

Durante su embarazo, la mujer encinta forma a su hijo con su cuerpo y también con su espíritu.

He aquí una historia verídica, a la vez dramática y sorprendente, de la que hemos sido personalmente testigos.

En abril de 1940, un joven soldado de permiso fecunda a su joven mujer. En mayo, cuando la ofensiva alemana, un camarada regresa y le dice a la mujer: "No te preocupes, tu marido está a salvo, está prisionero en Alemania. Desgraciadamente, ha recibido una bala en el brazo y se lo han tenido que amputar por debajo del codo". El shock que recibió esta mujer debió ser fuerte: en enero de 1941, da a luz un bello niño amputado congénitamente de un brazo... ¡Una historia increíble! No, nuestra naturaleza está hecha así. No siempre es tan notable, tan evidente, pero en gran parte, el pensamiento domina la salud".

Cierto número de testimonios análogos nos han sido dados por madres o por comadronas, a lo largo de las conferencias.

En el caso relatado por estos médicos, el shock debió ser profundo, pero la imagen mental del marido amputado, fuertemente cargada emocionalmente, ¿no debió obsesionar largo tiempo a esta joven mujer? Esta visión parece haber interferido poderosamente en el esquema natural que estructuraba el embrión.

Se plantea entonces una cuestión: ¿cómo evitar esto? Sustituyendo la imagen y las emociones negativas por la imagen de un bebé extraordinario colmando a sus padres de alegría. Y si esto resulta difícil, utilizad alguna ayuda psicológica apropiada. Para tener la posibilidad de darle la vuelta a la situación, hay que estar informado de los peligros que se corren y de los medios apropiados para evitarlos.

Este ejemplo, afortunadamente rarísimo, sugiere que a la inversa, pero siguiendo el mismo proceso, las imágenes positivas cargadas de alegres certidumbres son capaces de aportar un plus, en todos los aspectos, al ser que se está formando. ¡Y esto es muy reconfortante! ¡Qué esperanza, qué valorización para la mujer formadora de vida!

A la búsqueda de una explicación

¿A través de qué proceso actúan las imágenes mentales? La ciencia clásica, actualmente, no puede dar una respuesta. Sin embargo, la física cuántica propone "modelos", esquemas explicativos que van afirmándose año tras año, y que podrían darnos algunas pistas serias y convergentes.

Así, SCHROEDINGER ha demostrado experimentalmente cómo la consciencia de un observador podía sacar del estado de improbabilidad a las partículas elementales, introduciendo un orden en su comportamiento.

Por otra parte, físicos franceses, ingleses y americanos (tales como CHARON, VINCENT, BOHM, CAPRA) han constatado que las partículas son capaces de grabar las informaciones que les llegan, recordarlas y comunicarlas a otras partículas. Y dicen que la naturaleza de las informaciones incorporadas modifica la calidad vibratoria de la partícula.

En el oeste, biofísicos tales como R. SHELDRAK hablan de unos campos universales, llamados morfogenéticos o bióticos, que aseguran la perennidad de las formas específicas de una especie enriqueciéndose de las experiencias de los individuos de esa especie.

En el este, algunos investigadores conciben de manera similar un campo biológico constituido por partículas libres formando un campo electromagnético globalmente neutro que regula los procesos de reproducción y de evolución de las diversas formas de vida. Este campo biológico sería igualmente portador y vector de todas las informaciones. Y cada célula, considerada como un sistema electrónico complejo, estaría en interacción constante con este campo portador de informaciones.

Pero, a la espera de que estas hipótesis sean definitivamente probadas, la vida continúa, y desde hace bastante tiempo la posibilidad que tiene la consciencia de mejorar las funciones, las estructuras y los órganos del cuerpo humano, es utilizada en profilaxis, en educación y en reeducación.

Vivir hoy

Actualmente, se ha constatado que la consciencia de la madre puede "positivizar" la educación que se opera naturalmente en el niño a lo largo del embarazo. En otros términos, ella puede alimentar con informaciones positivas el banco de datos que se constituye celularmente en su hijo desde su concepción. La futura madre puede, por la calidad de su estado interior, de sus sentimientos y de sus pensamientos, introducir más orden, más salud, más estabilidad y adaptabilidad en el psiquismo, pero también en las células mismas que constituyen día tras día el cuerpo del niño.

Sabiendo esto, ¿abandonará la madre su vida interior a las fluctuaciones de su existencia, o decidirá orientarla en un sentido favorable para su hijo? Con alegría en todo lo que le sea posible y sin ninguna culpabilidad en lo que no lo sea. Decisión que concierne también al padre y al entorno familiar y social de la pareja.

¡Sin culpabilidad! Lo repetimos. Los padres hacen lo que pueden. El niño puede continuar con un trabajo sobre sí mismo. Así se desarrolla la cadena de la vida.

Concretamente, ¿qué pensamientos puede cultivar la futura madre para darle un plus a su hijo? (Ella misma se beneficiará de ello, no lo olvidemos)

La mujer está dotada de un gran poder de imaginación. Y puede utilizarlo magníficamente para formar a su hijo. La imaginación es la facultad creadora del espíritu humano. Canalizada hacia la belleza, la inteligencia, la bondad, la sabiduría, puede hacer maravillas.

Por ejemplo, la futura madre puede relajarse y visualizar ("ver" con la imaginación) a hombres, a mujeres, a ella misma, a su futuro hijo... manifestando las más bellas cualidades humanas. El niño se impregnará de ello.

Es necesaria una gran vigilancia a fin de no proyectar sobre el niño los deseos personales. El niño no tiene que compensar los eventuales fracasos o frustraciones de sus padres, ni realizar sus ambiciones. Es un ser libre, que tendrá su vida propia. Se trata pues, de depositar en él los fundamentos de cualidades de orden general a las que será sensible y que podrá desarrollar más fácilmente a lo largo de su existencia.

Y aunque no se tenga mucho tiempo, todos los padres pueden reservar un rato, preferentemente a una misma hora, por ejemplo por la noche antes de ir a dormir, para un encuentro de amor con su hijo para hablarle, decirle cuánto se le ama, lo sano que es, lo bello que será, noble, generoso, fuerte... Dejar vía libre a su entusiasmo: no hay que temer ningún exceso en este sentido...

La futura madre puede también a lo largo del día, acompañando sus quehaceres cotidianos, comunicarse con su bebé con caricias, palabras, teniéndole presente como si ya hubiera nacido.

Este ambiente cálido y afectuoso será una alegría para ella y para su hijo.

Estos conocimientos vienen siendo difundidos desde hace varios años, y algunas parejas que ya tenían hijos han sentido el deseo de tener otro, con la plenitud de esta consciencia creadora. Nos han contado después que han tenido vivencias extraordinarias que no habían tenido antes, que este hijo era diferente de los otros y que tenían con él una relación diferente, a la vez más profunda y más fácil. Añaden que han aprendido mucho, que se han transformado, y que su vida de pareja se ha enriquecido considerablemente.

Esto es lo esencial respecto a la gestación. Pero remontémonos al verdadero origen del ser, que es la concepción.
 
 

REFLEXIONES SOBRE LA CONCEPCIÓN

Lo que exponemos a continuación no ha recibido confirmación en estudios de laboratorio: comprenderéis por qué. Pero los hechos observados, y lo que se sabe de los campos energéticos y de la grabación celular, sugieren pensarlo.

Si cada célula integra las informaciones que le llegan y las comunica a otras células, el huevo creado en el momento de la fecundación va a grabar las informaciones que reciba en ese momento y a transmitirlas a todas las células que se formarán a partir de él, es decir, a todo el cuerpo del niño.

Así pues, los padres, cuando se unen, generan con las sensaciones, los sentimientos que experimentan, un campo de fuerza muy intenso que hace vibrar todas sus células, incluidos los dos gametos que se fusionan para formar el huevo inicial. Esta vibración inicial es de una importancia primordial.

Imaginemos dos casos extremos:

La sabiduría popular lo dice desde hace tiempo: los hijos del amor son niños hermosos.

El jardinero que ve que vuelve la estación de la siembra, selecciona sus semillas y prepara su terreno. El ser humano consciente, cuando quiere concebir un hijo, vigila la calidad de "sus semillas", sanea y refuerza su terreno con una vida sana y una preparación psicológica. Puede también, dicen los homeópatas, seguir un tratamiento que drene su terreno y obstaculice, en gran medida, la transmisión de secuelas de enfermedades hereditarias.

En el momento de la concepción, el padre y la madre tienen un papel de igual importancia: cada uno da la mitad del material genético del nuevo ser. Pero durante los nueve meses de la gestación, es la vivencia de la madre lo que es preponderante. Si la madre, la mater y la materia tienen la misma raíz, es que los Antiguos ya sabían que la mujer, la madre y sólo ella, tiene un poder directo sobre la materia viva del niño. Este poder es tan grande que ella puede atenuar los elementos negativos y amplificar los elementos positivos del capital genético.
 
 

A MODO DE CONCLUSIÓN

De este trabajo inmenso que la naturaleza da a hacer a la madre, a la pareja parental, todos compartimos la responsabilidad. Todos somos solidarios y responsables en cierta manera de los niños que van a nacer. Debemos ayudarles propiciando una toma de conciencia colectiva a la cual los responsables sociales deberán responder con medidas apropiadas.

Si los gobiernos, en toda la tierra, en vez de multiplicar los hospitales y las prisiones, tratasen de atenuar las consecuencias de vidas mal vividas a menudo porque se han construido mal desde su origen, remontándose a las primeras causas, ocupándose más y mejor de las mujeres embarazadas, instruyéndolas en su papel y dándoles las condiciones necesarias para llevarlo a cabo plenamente, los resultados serían incomparablemente mejores e infinitamente menos costosos.

La educación prenatal natural, positivizada por los padres, es la prevención más fundamental, puesto que participa favorablemente en la génesis de la salud física y psíquica del ser.

En la época actual, en que nos empezamos a ocupar con toda razón de los derechos del hombre y del niño, ¿no es urgente reconocer que el primero de los derechos de un ser humano es el derecho a una concepción, a una gestación -así como a un nacimiento y a una educación- que le den desde el principio, el mejor equipaje, las mejores estructuras, resumiendo en pocas palabras, las mejores posibilidades para triunfar en su vida?

Se puede entonces esperar que, estos hombres, estas mujeres, más fuertes, más estables, más confiados en ellos mismos, más abiertos a los otros y a la vida, sean capaces de crear, a escala planetaria, un mundo más fraternal donde cada uno pueda encontrar su lugar y vivir feliz.

Un sueño que puede llegar a ser realidad muy rápidamente, si cada mujer, cada hombre, cada profesional, trata de concretarlo.

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