Marie-Andrée BERTIN - Docente,
Presidenta de la OMAEP
(Organización Mundial de Asociaciones de Educación Prenatal)
Congresos del ANEP (Italia - Milán
- Abril 1996 y Venezuela - Puerto Ordaz - Marzo 1997 )
Señoras y Señores, ¡ Buenos días ! ¡ Buono giorno !
Agradezco al Señor presidente el haberme invitado a este encuentro para hablar sobre este tema tan importante para el porvenir de los individuos, de las familias y de las sociedades: la educación prenatal.
Ésta es una expresión que puede sorprender. ¿ Acaso se va a someter a aprendizajes al ser que se forma ? Ciertamente no. No hay que enseñarle nada al feto. Intentar hacerlo sería artificial, arbitrario y probablemente peligroso.
Debemos distinguir claramente la instrucción, que es la transmisión de saberes y de saber hacer, de la educación, que concierne al desarrollo de las aptitudes del individuo y su adaptación al mundo.
La educación prenatal resulta de un conjunto de procesos naturales mediante los cuales el embrión, y después el feto, desarrolla las potencialidades incluidas en su capital genético. Porque es el ser quien se forma y se educa gracias a las fuerzas de la vida que están en el. Y lo hace por medio de los elementos físicos, afectivos y mentales que le son proporcionados por su madre y su medio ambiente común.
Proponemos
simplemente a los futuros padres - y a la futura madre sobre todo - que
sean conscientes de ello y aporten al niño los mejores materiales
y las mejores condiciones para su formación.
Esta educación prenatal era conocida por diversas civilizaciones antiguas y favorecida por prácticas adaptadas a la mentalidad del lugar y de la época.
Cada mujer lleva en sí misma la intuición de estos procesos que se desarrollan en ella y en los cuales participa. Esta intuición, a menudo inhibida por el modo de vida actual, se puede despertar fácilmente gracias a los conocimientos nuevamente adquiridos por la ciencia. Estos conocimientos afectan a un número cada vez mayor de hombres y les permiten aportar a la madre ayuda afectiva, apoyo, seguridad.
En efecto, la educación prenatal se vuelve evidente cuando las observaciones y las investigaciones científicas, dispersas por naturaleza, son reagrupadas en un conjunto coherente que toma un sentido y permite vivir y actuar positivamente.
Reunir y difundir estos conocimientos, proponer a los futuros padres sugerencias que les lleven a vivirlos sencillamente, alegremente en su vida cotidiana, es la tarea que están realizando en el mundo las diecinueve asociaciones de educación prenatal existentes actualmente.
Algunos saberes antiguos se depuran y precisan. Por ejemplo, se sabe desde siempre que el niño construye su cuerpo con los materiales suministrados por la sangre de su madre. Así que ésta deberá ser tan pura y tan rica como sea posible. La futura madre deberá evitar, pues, todas las substancias nocivas: alcohol, tabaco y otras drogas, y ciertos medicamentos. Ella deberá cuidar de que su sangre sea rica en elementos nutritivos variados y en elementos vitales: vitaminas, y oligoelementos contenidos en las frutas, las verduras, los cereales. Deberá también depurarla y vitalizarla con el agua, el aire, el sol y con un reposo suficiente. Así serán puestas las bases de la salud del niño. Estas bases adquieren su calidad, según el Dr. Michel ODENT, durante el periodo de estrecha dependencia de la madre, es decir, los nueve meses del embarazo, las horas cruciales del nacimiento y el tiempo de lactancia.
Los estímulos sensoriales recibidos, principalmente táctiles y auditivos, van a reforzar sus órganos, a dinamizar las funciones correspondientes así como la función cognitiva, la inteligencia global del ser.
El niño reacciona con movimientos
perceptibles a lo largo de la segunda mitad del embarazo, lo que le permite
a la madre ponerse a su escucha, evitar lo que le desagrada, por ejemplo
músicas violentas, y hacerle escuchar voces afectuosas, músicas
dulces o alegres, estructuradas y, por tanto, estructuradoras para él.
Lo que la madre vive, el niño lo vive con ella.
Las mujeres encintas sentían ya que el niño compartía su vida interior. Diversos científicos han verificado que éste recibe, en efecto, por vías hormonales y energéticas las emociones positivas o negativas de su madre, los sentimientos de amor, de indiferencia o de rechazo que ella experimenta con respecto a él. Estas informaciones, que el niño graba en su memoria celular, serán la base de la confianza en sí mismo, de la sensibilidad y de las capacidades relacionales de su futura persona.
El Dr. Thomas VERNY resume así los resultados de sus trabajos y de los de sus colegas durante varias décadas: "El amor que la madre le da a su hijo, las ideas que se forma sobre él, la riqueza de la comunicación que mantiene con él, tienen una influencia determinante en el desarrollo del hijo y en su vida futura".
"Las ideas que se forma sobre él..." dice el Dr. VERNY. En efecto, sin que se pueda actualmente explicar el proceso, observaciones, muy numerosas, muestran que las imágenes mentales de la madre, frecuentemente repetidas, o fuertemente cargadas emocionalmente, pueden influenciar al hijo en todos los planos, y en algunos casos - afortunadamente raros - de gran violencia, perturbar el esquema de base de su desarrollo.
Una
mujer encinta puede, por tanto, regalar a su niño bellas imágenes
que ella contempla o que ella forma en su imaginación, la facultad
creadora de su espíritu.
Estas rápidas indicaciones muestran que la futura madre, con la ayuda del padre y de su entorno puede favorecer el desarrollo físico y la expansión psíquica del niño.
Pero las repercusiones de los embarazos vividos conscientemente se hacen sentir igualmente a nivel de la pareja, de la familia, y pueden extenderse a la sociedad entera.
Las parejas que han vivido de forma cotidiana esta educación prenatal positiva han manifestado haber obtenido de ello un gran beneficio personal (algunos han hablado de "renacimiento") y un enriquecimiento de su vida de pareja. Haber dado de sí mismos para una obra común esencial - la formación de un nuevo ser humano -, crea vínculos profundos, vínculos de los que muchas parejas adolecen en nuestra época.
En cuanto a los padres que ya habían tenido uno o dos hijos antes de vivir un nuevo embarazo guiado por la educación prenatal, han dicho haber vivido una experiencia extraordinaria. Dicen que les sorprende de este niño la salud, la serenidad, la confianza en sí mismo, la apertura a los demás, y que tienen con él una relación a la vez más sencilla y más profunda que facilita enormemente su educación.
La familia, en nuestra época, busca un modo de funcionamiento más adaptado. Podría encontrar en la educación prenatal natural, basada en el amor y el respeto al otro en su esencia, una nueva madurez ¡ Y la familia es la célula básica de la sociedad !
Si la sociedad actual reconociera el deber de difundir y de sostener la educación prenatal, se beneficiaría rápidamente de ello en el plano financiero y, sobre todo, a nivel humano: el de la calidad y la felicidad de todos sus miembros.
En lo inmediato, los embarazos así vividos presentan menos problemas y los partos son más fáciles: por tanto, menos sufrimientos para la madre y el niño y ahorros sustanciales para el estado.
Por otra parte, la educación prenatal es la prevención más fundamental ya que, no sólo evita ciertas deficiencias, ciertos problemas, sino que participa en la génesis de la salud física y psíquica del ser humano.
Sabemos, sin embargo, la suma de energías humanas y financieras que hay que desplegar para intentar una mejora, a menudo muy limitada, de lo que es defectuoso en la constitución física, la psique o el intelecto de una persona.
Sabemos también cuántos gastos y
desórdenes acarrean los actos violentos. Los presupuestos de
sanidad y de seguridad podrían, por tanto, ser considerablemente
reducidos y el ambiente social apaciguado.
Un esfuerzo a realizar por todos.
Y sobre todo, podemos esperar que los seres así concebidos y gestados, educados por padres y adultos redinamizados, sean capaces de transformar nuestras sociedades poniendo de nuevo al hombre en el centro de sus preocupaciones.
La maquinaria económica está actualmente divinizada. Sin embargo, basada en el dinero, el beneficio, la competición, engendra exclusión, pobreza, desesperanza y violencia.
Los hombres fabrican máquinas. Están fascinados por su poder y se dejan arrastrar por un sistema social inhumano que funciona para sí mismo y para unos pocos. La economía debe ser puesta de nuevo en su verdadero lugar: ¡ al servicio de todos !
Las mujeres traen al mundo seres humanos.
Son depositarias de los poderes de la vida y tienen un papel clave para
volver a centrar las cosas en la persona humana. ¡ Ojalá
sean conscientes de esta misión: el futuro de la humanidad depende
de ello !

Esta toma de conciencia colectiva de las mujeres, de los hombres, de los profesionales del nacimiento, de los educadores, de los jóvenes, del público... y de los responsables políticos, exige una difusión rápida de la educación prenatal en todos los países del mundo y a través de múltiples medios.
De los profesionales que asisten a las parejas.
De los Ministerios de Salud, incluyendo estos conocimientos en los programas de formación del personal sanitario.
De los Ministerios de Educación insertándolos en los programas escolares, dando así esperanza a los jóvenes que se sienten valorizados y responsabilizados.
Por las asociaciones con fines educativos y por las diversas estructuras religiosas.
Finalmente, por los medios de comunicación cuyo poder de difusión inmediata es enorme.
Os agradezco vuestra escucha.