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Únicamente la Paz que tiene sus raíces en nosotros
puede expandirse por el mundo. Esta aptitud de crear la paz
en sí mismo y a su alrededor tiene sus fundamentos en el
periodo prenatal y perinatal.
¿Podemos favorecer
la venida al mundo de seres de paz? Por supuesto.
Pues numerosos
descubrimientos científicos demuestran la importancia del periodo
prenatal. En esta etapa el ser humano construye las
primeras bases de su salud, de su afectividad, de sus
capacidades de aprender y de relacionarse con los demás. Y
lo hace por medio de los materiales y nutrientes físicos y
psicológicos aportados por su madre: Todo lo que vive la
madre, el futuro bebé también lo vive con ella.
La madre, con sus
pensamientos, sus sentimientos, su forma de vivir, sus
estados interiores, le va modelando. La madre, pues, puede
"educar" al niño/a antes de que éste nazca,
entendiendo aquí por educación la capacidad de despertar,
de desarrollar todas las capacidades latentes en el
individuo, ya sean de orden físico, emocional, intelectual,
moral o espiritual.
Si la madre y
el padre están informados de esta Educación prenatal
natural, si comunican con el bebé antes de nacer, si le
proporcionan seguridad y le expresan su ternura y amor,
imprimen en él/ella un esquema de relacionarse que más
adelante le sustentará en su relación consigo mismo, con
los demás y con el mundo, y este niño/a poseerá en su
estructura profunda la capacidad de amar, de dialogar, de
cooperar, de encontrar soluciones adecuadas a los conflictos
que surgen inevitablemente en la vida familiar, profesional,
social.
Prestar
atención al periodo prenatal es una forma de
prevención muy eficaz, puesto que no sólo evita ciertas
deficiencias y ciertos problemas (de índole personal y
social) sino que interviene en la formación de la salud
física y psíquica del individuo. Es, pues, una forma
eficaz de prevención de la violencia, y contribuye de
manera decisiva a la construcción de la cultura de paz.
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